Todo es perfectible.

¿Quién dentro de tu empresa se encarga de observar y pensar qué cosas se pueden hacer mejor?

¿Nadie?

Entonces sois víctimas del status quo.

En muchas empresas, la innovación se entiende como la mejora del producto, como la inversión en I+D para ofrecer cada vez más calidad. Esto está bien, pero los productos no son la única parte de las empresas que se puede y debe mejorar.

¿Quién observa y mejora las condiciones de los empleados? ¿Su calidad de vida? ¿Su flexibilidad? ¿Su capacidad de conciliación?

¿Quién observa y mejora el modo de hacer las cosas? ¿Los procedimientos? ¿Quién elimina lo superfluo? ¿Quién se encarga de buscar y reducir siempre a lo esencial?

¿Quién observa y mejora la atención a los clientes? ¿Quién se preocupa de verdad por ellos? ¿Quién los ve y trata como personas? ¿Quién les dedica el tiempo suficiente? ¿Quién elige implicarse?

En una empresa ideal, todos se sentirían implicados y responsables de hacer las cosas de la mejor manera posible. Todos se comprometerían a encontrar siempre el mejor camino. Todos sabrían que todo es perfectible y que depende de ellos acercarse o no a la perfección.

En la empresa ideal las personas no son perfectas. También ellas son perfectibles. Lo saben y asumen el reto.