Si algo tiene de peligroso el mundo tecnológico hiperconectado en el que nos hemos empeñado en meternos es que se hace muy difícil discrepar.

La homogeneidad de los grupos que se forman en redes sociales es alarmante. Al discrepante se le lapida, sea cual sea el tema que se trate -político, cultural, tecnológico, etc.

Así, corremos todos el riesgo de pensar que el mundo es homogéneo -o peor, que debería serlo-, que todos son como nosotros y que los pocos que son diferentes no merecen atención ni respeto.

Los independentistas creen que todos son -o deberían ser- independentistas; los constitucionalistas creen que todos son -o deberían ser- constitucionalistas; los veganos creen que todos son -o deberían ser- veganos; los omnívoros que todos son -o deberían ser- omnívoros…

Hace ya unos años que dejé de ser profesora, pero si pudiera darle un consejo a los chavales y  a los no tan chavales con la esperanza de que algo les calara, sería este: leed y escuchad con más atención a los discrepantes; no caigáis en el error de escuchar solo el eco de vuestra propia voz.