Canta David Bowie en su obra maestra Space Oddity: Planet earth is blue and there’s nothing I can do. El planeta tierra es azul y no hay nada que yo pueda hacer. Lo inevitable. Siempre me ha parecido una canción terriblemente hermosa. Siempre he creído que si todos pudiéramos viajar al espacio un día, si pudiéramos observar la tierra en perspectiva y percibir nuestra pequeñez, nuestra insignificancia, todos seríamos mejores personas, más comprometidos, menos obsesionados con nosotros mismos, con la mente más clara para asumir cuál es nuestra posición real dentro de la naturaleza.

Desgraciadamente, hasta que Sir Richard Branson no lo remedie, no podremos viajar al espacio. ¿Podemos, sin embargo, asumir la inevitabilidad del ser, de los que nos rodea, de nuestra posición en el mundo?

Ningún éxito es tan importante como nos gusta pensar, pero tampoco ningún fracaso tan definitivo. Asumir lo inevitable, aquello sobre lo que no tenemos control, resulta aterrador y también reconfortante. Ante lo inevitable solo nos queda aceptarnos, aceptar el mundo, y dejarnos mecer suavemente por el movimiento planetario.

I’m stepping through the door
And I’m floating in a most peculiar way
And the stars look very different today