Vivimos en un mundo hiperconectado, todos estamos conectados con todos.

La hiperconexión se nos ha vendido como algo muy deseable, como la eliminación última de las barreras. Entre el mundo y tú ya no hay fronteras -Facebook y Google mediante.

Pero esa hiperconexión se muestra ineficiente. ¿De qué nos sirve estar conectados al resto de la humanidad si no somos capaces de hacernos escuchar, de transmitir nuestro mensaje? Nos encontramos cada vez más con que nuestras voces se pierden entre tanto ruido. Hablamos -o gritamos- y nadie escucha.

Ha llegado el momento de cambiar el paradigma de la hiperconexión.

En vez de hiperconectarnos, probemos ahora a optimizar nuestras conexiones, a establecer las conexiones precisas, las que nos sirven para nuestros objetivos, las que nos ayudan a mejorar a nivel personal y profesional, las que nos ayudan a cambiar el mundo.